De Circoíris y avionetas

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Arcoíris queriendo ser Circoíris
Foto: Marta Molina, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

Hoy mi gran amigo Pepe Gil me cuenta una historia de avionetas y arco iris circulares que comparto como una de esas historias necesarias de la vida cotidiana.

“Un día viajaba en avioneta de Tuxtla a Tapachula, estaba herido Amado Avendaño, gobernador rebelde. Al cruzar por la sierra llovía y la avioneta se movía como licuadora. Pensé, “a ver si no se cae esta chingadera” y cerré los ojos.

Siguió el movimiento y al abrir los ojos descubrí una cosa maravillosa . En el cielo había un  circoiris, no arco iris, sino ¡un círculo pintado de colores!

Pensé en Dios, la naturaleza, el destino, en la suerte de mirar eso y en el secreto del tesoro al final del “arcoíris”… que no hay final, ni principio, ni fin, sólo la suerte de vivir y contemplar los milagros del tiempo que nos tocó vivir.

Fin de la historia del circoíris.

Epílogo: Aterrizamos bien y a tiempo para ver a Amado que se salvó y vivió aún unos años. Y yo, pues sigo aquí marcado por el circoíris”

 

Crónicas necesarias de la vida cotidiana

ESPACIO PARA AQUELLOS QUE HACEN LA REVOLUCIÓN DEL DÍA A DÍA

por Marta Molina

Lee https://arteinfacto.wordpress.com/artinwords/

La tierra se estremece hoy porque le duele todo

por Marta Molina para ArteinfactoCrónicas necesarias de la vida cotidiana

Síguela en  [RR] Reporting on Resistances [RR] @martamoli_RR

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Hoy la Ciudad de México vuelve a temblar. Hace unos días tembló Guatemala, se despertaron algunos volcanes y se enojaron huracanes como Sandy. Y la tierra seguirá temblando.

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Hace unos días uno de mis poetas mexicanos favoritos y una de las personas que más me ha enseñado desde que llegué a este país me recordaba la película Apocalypse Now. Fue durante una de las noches en las que nos sentábamos alrededor de la tienda de campaña que las madres de hijos desaparecidos plantaron delante de la Secretaría de Gobernación de la Ciudad de México. Tres de ellas pasaron siete días en huelga de hambre exigiendo justicia.

Hablamos del “horror” que produce tener un hijo perdido y no saber dónde está, o si está vivo o muerto. Hablamos de los asesinados en México y de lo que significa la continuación de esta guerra a la que pocos llaman guerra. Hablamos de los desahucios en España y el horror que produce que te saquen de tu casa -de la que ya pagaste al banco más de la mitad-, hablamos del horror que puede llevar al suicidio. Pero también hablamos -y vimos- de la fuerza que la gente tiene para organizar el dolor dentro de este horror y convertirlo en un movimiento que trabaje por la paz, la justicia y la dignidad. Las madres mexicanas, las madres de los migrantes Centroamericanos, las madres de Palestina, de Sarajevo, de Argentina y de Chile las madres del mundo que pueden convertir el llanto en organización y lucha y el horror, en amor.

El horror está en todas partes. No tiene fronteras. Y por eso hoy la Tierra vuelve a temblar. Ayer empezaron de nuevo los bombardeos en Gaza y Palestina sigue resistiendo a pesar de los ataques y la vulneración de los derechos humanos que reciben diariamente por parte de la potencia mundial que más armas tiene en el mundo. El horror de un muro, el horror de una ocupación, el horror terriblemente cotidiano al tener que pasar un checkpoint militar. Y la Tierra seguirá temblando.

La película de Francis Ford Coppola se inspiró en uno de las novelas que, a mi modo de ver, mejor describe el horror de lo que sus personajes ven y viven: El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad. En las páginas de este libro leí por primera vez una descripción del horror que me hizo temblar. Es el “horror” que conoce el marinero Marlow durante su travesía por el Río Congo en pleno auge del imperialismo europeo, especialmente británico. Conoce el horror de las brutalidades perpetradas por los europeos en el continente africano en lo que se llamó una “misión salvadora” que acabó por repartirse “el pastel” trazando las fronteras más irreales –si ya no lo es la palabra frontera misma- y con más ángulos rectos y perfectos de la historia de la humanidad. Ángulos que sólo se pueden lograr con escuadra y cartabón desde el lugar que Conrad llama la «Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes» -refiriéndose a la Conferencia de Berlín de 1884. La huella del horror y de estas fronteras se siente hasta hoy en el corazón de África, pero al mismo tiempo ellos, los africanos, los que vieron nacer el mundo, son los que más esperanza tienen para cambiarlo, los que invierten su vida cotidiana en transformar lo que les impusieron con escuadra, cartabón y a golpe de saqueo.

El marinero Marlow se adentra al horror en su travesía por el río Congo en busca de Kurtz. «¡El horror!, ¡El horror!» son las palabras que pronuncia antes de morir este enigmático personaje que aparecerá de nuevo en la película de Coppola -donde el Coronel Kurtz se convierte en Marlon Brando y Marlow en el capitán Willard, interpretado por Martin Sheen-.

El escenario ya no es el África de finales del siglo XIX, sino la invasión estadounidense de Vietnam, pero, al fin, es el retrato del horror, del descenso al Infierno de Dante: El horror, el horror, el horror. Ni el poeta Virgilio acompañando el descenso pudo cambiarle la cara.

La historia del horror de Conrad y la de Apcoalypse Now están presentes cada día en algún rincón del mundo. El horror que la misma condición humana genera y que la misma humanidad padece en sus carnes.

Vivimos en la época del horror, la época en la que la tierra tiembla, como hoy, en la Ciudad de México, porque le duele todo. Le duele  por las guerras, le duele por los asesinados, por los desaparecidos, por el expolio de los recursos naturales, le duele por la violencia estructural y física diaria. La tierra se estremece hoy porque le duele todo, porque está más enferma que nunca por culpa del escenario real del horror creado por sus habitantes.

Nos vamos a dormir -si dormimos- y amanecemos -si tenemos la suerte de hacerlo- con un sentimiento de horror terrible. Compañeros en Gaza siguen siendo bombardeados mientras miles de madres mexicanas no pueden descansar porque no saben dónde están sus hijos. En Siria, siguen muriendo padres, madres, hijos, nietos, abuelos…

¿Cuántos contextos de conflicto armado tenemos repartidos por todos los continentes? Y aunque en el mundillo académico se diga que se fueron “desactivando” conflictos en la región del Chat, Côte d’Ivoriei, o en el Delta del Níger, lo que queda es el horror y siguen sembrándolo en Libia, Yemen, en el este de la RD Congo, en Somalia, en el Sudan, en Colombia, Afganistán, Paquistán Iraq y Siria. Y a todo esto le sumamos las guerras que “no se dicen”, las guerras encubiertas, las guerras cercadas mediáticamente como la que vive México, como las que siguen en Centroamérica y en lo que llaman el sur del mundo. Pero también siguen las guerras codiciosas en “los nortes” que se dedican a producir en cadena víctimas de la violencia estructural en medio de un ciego, sordo, mudo e insensible  “estado del bienestar”.

¿Y quiénes son los responsables de estas guerras? ¿Los que, como los amigos de Marlow inventaron la «Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes»? ¿Los que quieren instaurar su democracia bombardeando a los que no les siguen? ¿Los que siembran el horror ocupando países? ¿Los que especulan con el dinero de los trabajadores? ¿Los bancos sin corazón que siguen desahuciando? ¿Las corporaciones sin sentimientos que arrasan con todo?

El horror, el horror. La violencia estructural que no tiene fronteras, la explotación de los recursos naturales, la ocupación de territorios por la fuerza de las armas, la economía de guerra, las empresas de seguridad privada, la violencia física y cotidiana, los desahucios, la pobreza, el hambre. Por todo eso hoy tembló la Tierra. De dolor, de desesperación. Para que nos demos cuenta de lo que la hace temblar.

Pero a pesar del horror -que no entiende de fronteras- hay gente que convierte su día a día en una lucha para organizar su dolor y ponerle fin, construyendo la paz con justicia y dignidad, trabajando para acabar con el horror impuesto por la misma condición humana, resistiendo para conseguir su libertad, para encontrar a sus desaparecidos, para parar una guerra. Hay gente que trabaja para hacernos abrir los ojos y ver que la Tierra que tiembla es nuestra casa y hay que cuidarla. Hay gente que entiende que la lucha es global, que no podemos cerrar los ojos, que debemos contar las historias del horror cotidiano pero también las que inspiran a otros para organizarse y luchar y sacar la creatividad de donde sea.

Es inevitable -y necesario- mirar hacia atrás y a los lados y ver el horror. Como nos dijo Benjamin en sus Tesis, el Ángel de la Historia no puede ver adelante y tiene que mirar hacia atrás para poder entender su entorno. Miremos entonces el horror, para transformarlo y tengamos memoria porque el futuro no existe como ‘progreso’, existe como lucha para el cambio, para un mundo mejor, sin tanto horror.

Va a llegar el día en que la Tierra tiemble de alegría porque logramos caminar hacia otro mundo, éste que ahora imaginamos como posible, un mundo en el que quepan muchos mundos y en donde el horror se cambie por amor, compañerismo, comprensión y colectividad.

Porque hay gente que resiste ante esta catástrofe de lo humano, y en cada época, como dijo también Benjamin, “hay que intentar arrancar la tradición del conformismo que quiere apoderarse de ella”. Frente a los que asumen la crueldad y la destrucción de lo humano, la violencia organizada para hacer sufrir a otros sin conmoverse, frente a los que no tiemblan ni se sacuden ni emocionan, frente a los indiferentes al horror, frente a los que lo provocan, frente a ellos, somos más los que les podemos hacer temblar. Porque tenemos corazón y no hay tinieblas que nos asusten.

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Latuff, Cartoons para a resistência

por Carlos Latuff

Gaza, Território Palestino Ocupado

La Nati

Marta Molina.- en Protagonistas de la revolución de la vida cotidiana

Nati no para de sonreír. Hasta cuando cuenta los episodios más duros de su vida luce una bella dentadura perfecta. Es una mujer fuerte, una luchadora, y lo mejor: una gran cocinera y, además, Oaxaqueña.

Soy consciente de que la manera más completa por la que alguien me puede conquistar y maravillar es por el estómago. Nati lo hizo, y con creces. Estar en su casa durante las festividades de muertos –entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre- fue un auténtico regalo. “Estoy a punto de llorar de emoción”, dije la primera vez que probé un bocado de su elaborada comida. Pero no sólo por el sabor y el olor, también por toda la gente que acompañó este escenario increíble de sabores y olores; auténticos revolucionarios de la vida cotidiana a los que tuve la oportunidad de conocer.

Para empezar el día, chocolate -con almendras, canela, cacao y nuez-, pan de muerto, café, avena y un tamalito. Comidas con mole negro, guisado de frutas, caldo de pollo con hoja santa, calabaza en conserva con piloncillo y canela, tejocotes y guayaba en dulce, tamales oaxaqueños y hasta pletatamal –que sólo se hace en su pueblo, Santa Cruz Xoxocotlan, en estas fechas-. Todo, acompañado con agua de Jamaica, tortillas de maíz hechas a mano y un buen mescal para que la comida se acomode bien en el estómago.

Comer tasajo asado con chile de agua, en el mercado Dos de Noviembre; saborear enormes tlayudas con asiento de manteca, frijol molido con hojas de aguacate y chile de árbol, cerca del cementerio de Xoxocotlan y degustar un buen mescal tobalá en una de las cantinas más auténticas del centro de la ciudad de Oaxaca. Todo, en compañía de Pepe y Pedro, quienes acompañan el recorrido gastronómico inaugurado por doña Nati. Ellos también son protagonistas de la revolución de la vida cotidiana.

La Cenaduría Libres Tlayudas Doña Martha a las tres de la mañana, el puesto de los “Dulces Raúl” ambientado con una banda sonora muy particular y Paquita “la del barrio” cantando “Rata de dos patas” son parte del decorado que me hizo descubrir increíbles revolucionarios de la vida cotidiana en Oaxaca.

Comida, mercado, flor de muerto, cempazuchil y cresta de gallo -la flor con el tacto, y el tono más bonito jamás visto- le dieron color olor y sentimiento a este descubrimiento que no ha hecho más que empezar.

Ahora, mientras Las batallas en el desierto me gritan “en rojo” que las lea, tomaría un chocolateatole -con doble de espuma de chocolate- como el que tomé la primera vez camino al panteón de Xoxocotlan.

(segunda parte de La Nati continuará en Crónicas necesarias de la vida cotidiana)

Para que sigan existiendo los domingos de bici…

Marta Molina.- “daily life is also revolution”

Hoy conocí a Néstor. Tiene un taller de bicicletas en Ecatepec. Su hijo y su nieto también ayudan a reparar bicis cada domingo y su mujer lleva la venta de accesorios y piezas y se encarga del “papeleo”.

“Ya me gustaría ir a rodar los dom

ingos”, comenta Néstor. “Pero… es el día que más trabajo tenemos…”. Tiene 62 años y parece un chaval. Nos cuenta que a los 18 fue preseleccionado para participar en los JJOO de México de 1968 y nos enseña recortes de periódico de la época -¡color salmón!- en donde sale competiendo con los mejores. También guarda un billete de avión, orgulloso, de cuando viajó a Cuba a competir. “Después de esta carrera me caso contigo”, le dijo por aquel entonces a su esposa con la que lleva ya 35 años casado y 10 de novios.Su opinión del deporte de élite cambió hace muchos años. No lo recomienda para nada. Por eso ahora se ocupa de que los domingos nadie se quede sin salir a rodar -montaña, carretera o paseo- y a menudo sale con su nieto a hacer largas rutas de varios días por los parajes más hermosos del país.Hoy falló la bicicleta azul, pero el trabajo en equipo y el apoyo de Mike y Manuel me hicieron “cambiar el semblante”. Como escuchar la historia de Néstor y conocer a su familia, entregada a la labor de que no se pierda la pasión por las dos ruedas y de que nadie se quede sin bici de domingo. Hubo bici -gracias al hijo de Néstor-, hubo montaña, hubo sol, -hubo caídas…- y conocí parte de la historia de alguien cuya pasión por las bicicletas consigue hacer feliz a muchos para los que los domingos es “el día de la bici”.
Y gracias Pedro por esa “azul” de cada domingo.

[la medalla de oro de 1968 se la llevó Joop Zoetemelk quien, como ven, pasaba horas entrenando con su esposa Francoise conduciendo una Derny … a motor…]
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La acción de la expresión

Por el camino

Por el camino de la historia del hombre, han existido momentos, fechas y países que han evolucionado el ciclo del ser humano, que han escrito los cambios por los que en el presente padecemos guerras, asesinatos o descubrimientos; como la bomba atómica en 1945, la revolución cubana en 1959, el descubrimiento del psicoanálisis en 1900, la revolución mexicana en 1910, la caída del muro de Berlín en 1989, los atentados a New York en el 2001, sucesos provocados por la inconformidad, la duda y el conocimiento. Pero sólo ha existido un movimiento que fue capaz de crear una interrupción en la historia, una vanguardia artística, que involucró al proletariado, al rico, a los escritores, poetas, pintores, hombres, mujeres, niños; envolviendo persona por persona en un principio, ser parte de una revolución, demandar simplemente lo que se las había dicho que era imposible. A este movimiento se le llamó, Situacionismo.

Todo empezó

Todo empezó en París con un pequeño grupo de artistas denominados, Letristas, fundado por el neo-dadaísta Isidore Isou, y que proponía sustituir la cortesía por el ruido y la palabra por la letra. Influido por este movimiento, Guy Debord, un prototipo del personaje maldito, de formación heterodoxa y autodidacta, que había nacido en la ciudad de las luces, el día de los santos inocentes de 1931. Fundó la Internacional Letrista (IL), una revista que presentaba una nueva alternativa al ya viejo y reciclado surrealismo, al igual que planteaba una nueva transformación del mundo. Pero no fue sin duda hasta 1957 en que fusionó a la IL, con una nueva revista, la Internacional Situacionista (IS).

En este nuevo documento, Debord pudo por fin presentar su propuesta teórica, incluyendo en ésta a pensadores como Hegel, Marx, Feuerbach, Lucaks, Marat y Fourier. La teoría situacionista, toma como principio el concepto alienante que constituye el pilar de su doctrina, el Espectáculo. Enfocando la alienación del trabajador, manifiesta que ésta ya no tiene que ver con la explotación laboral; conquistando al ocio que aparentemente liberado de la producción industrial, tiene como objetivo expropiar el tiempo total de la vida, visto directamente hacia el consumo y el entretenimiento.

Una teoría pionera, con bases filosóficas-marxistas. Los escritos de la IS, atestaban un golpe ideológico a su época, a la aletargada cultura relativamente autosatisfecha y dependiente de la industria del entretenimiento. Debord, dio el diagnóstico final, una nueva pobreza en el corazón de la abundancia, una pobreza que la proliferación de mercancías conserva, envuelve y disimula, pero no resuelve.

Estos escritos dieron origen a La Sociedad Del Espectáculo (LSS), un pequeño libro publicado en 1967, el cual se componía de aforismos, sentencias breves y dogmáticas. Meses después de su aparición estalló el movimiento estudiantil de mayo de 1968, donde estudiantes y trabajadores, reclamaban el derecho a vivir y no sólo a pasar el rato; el derecho a controlar sus propias vidas y no a la cotidianeidad, era el homo ludens en contra del homo faber. Así el situacionismo conoció en ese momento su auténtica primavera.

El Manifiesto

El Manifiesto situacionista, proponía los principios y el porqué del situacionismo, estaba en contra del Espectáculo, del arte antiguo, del arte conservador, del fragmentario y del unilateral. Le daba mayor énfasis a los momentos vivenciales, a la producción colectiva y al anonimato –en el momento en que te conocieran, eras parte del Espectáculo –quería un arte con diálogo, en el que todos participaran e interactuaran. Se debían diseñar y crear situaciones relevantes para toda la sociedad.

Los artistas debían convivir entre si y no permanecer separados, niega el rol,
todo el mundo debía y tenía el derecho a ser situacionista; tenias la obligación de construir tu propia vida, de vivir en una sociedad sin divisiones. El hombre asistiría a una inflación multidimensional de tendencias, experiencias y de escuelas radicalmente diferentes, de manera simultánea. Crear desorden para romper con el viejo orden establecido y encontrar una mejor forma de comunicación real y directa. Para la IS, el último de los oficios era, el papel de situacionista, de aficionado-profesional y de anti-especialista. Era la primera organización artística que se basa en la insuficiencia radical de todas las obras permitidas, y su significación, su éxito o su fracaso, no podrán juzgarse sino con la praxis revolucionaria de su tiempo.

Por medio de estas situaciones, una reacción en cadena se suscitaba, llevaba a liberar la vida diaria, crear nuevas pasiones, generar una revolución en el comportamiento y darle un significado a la cultura.

Sí, una vanguardia

Sí, una vanguardia artística fue, pero también fue un nuevo modo de vida. El arte no debía ser bello, contemplador o duradero, simplemente debía provocar un impacto y olvidar cualquier pretensión de que la obra perteneciera a algún museo y que no fuera considerada una “bella arte”. El verdadero arte estaba en la vida, en la manera de transformar el mundo, liberar las pasiones, transgredir, convertir los momentos efímeros; el Situacionismo es una actividad cultural desde el punto de vista de la totalidad, como un método de construcción experimental del ser humano.

La colectividad

La colectividad situacionista, usó el arte como elemento central, la búsqueda de situaciones era el fondo de todo. Irrumpieron en Cannes durante el festival de cine, promovieron la toma de la UNESCO e intentaron incendiar el museo de Louvre, crearon antilibros encuadernados en papel de lija, cambiaron las señales de tráfico, alteraron el sentido de los mensajes gubernamentales, complementaron frases en posters publicitarios, llamaban a conferencias falsas, alteraban el orden en los campus universitarios, pintaban las calles y colocaban estampas con frases situacionistas en cualquier lugar. Aunque por algunos fueron considerados como anarquistas, irreverentes, críticos furiosos, tanto del capitalismo como del socialismo, revoltosos, depravados y radicales. Los principales situacionistas fueron: Isidore Isou, Michelle Bernstein, Gil Wolman Asger Jorn y Raoul Veneigem.

La meta

La meta de los situacionistas, era utilizar la fuerza de manifestaciones culturales conocidas para transmitir nuevos mensajes y para despertar la reflexión, la sorpresa, el humor, el deseo de participar y el escándalo. Debord planteaba, que la cultura es un sistema que puede ser alterado conscientemente si se entiende de manera profunda.

Los metodos

Los métodos que los situacionistas propusieron son:
Psicogeografía: Las ciudades debían ser sitios de encuentro, se hacían mapas precisos sobre las emociones que despierta el espacio urbano, la alteración de las calles, se buscaba el “urbanismo unitario” que utilizaba arte y urbanismo para generar relaciones dinámicas y experimentos en el comportamiento. “Las ciudades deben dejar de ser sedes del aburrimiento ancestral para convertirse en soporte de un dinamismo social sostenido.
Deriva: Técnica de paso ininterrumpido, caminar sin rumbo, sin punto fijo, cambiar de calles, buscar otros ambientes.
Detournement (desvío): Se debía intentar alterar el significado de los elementos estéticos. En este sentido no podía haber música o pintura situacionistas, sino un uso situacionista de estos medios.

El fin

El fin de la Sociedad del Espectáculo, de la IS y de Guy Debord fue en 1968, el movimiento se desbordó y sólo así se entendió al Espectáculo, tratando de cambiarlo. Debord, al igual que Moisés, intentó dictar nuevas leyes, aunque el filósofo francés quiso ir más allá, fue la acción verdadera lo que hizo de los situacionistas el movimiento de ruptura histórica más grande; los estudiantes mexicanos, Praga, Alemania, siguieron a este pensador. La utopía de crear una nueva sociedad quedó en el fracaso, pero no las ideas.

El arte contemporáneo, el street art, las críticas postmodernistas y los estudios culturales, han retomado las palabras de Debord; no pensar en la obra de arte o en su belleza, pero sí pensar en el acto, la victoria –dijo –será para aquellos que sepan crear un desorden sin desearlo.

Algunas máximas situacionistas:

• El arte del futuro será, o la construcción de situaciones, o ninguno.

• Reduce la vida a una simple elección: revolución o suicidio.

• Hace falta todo tipo de gente para un mundo… o para deshacerlo.

• En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso.

• Toma tus deseos como realidad.

• El mundo ya está filmado, se trata ahora de transformarlo.

• El aburrimiento es contrarrevolucionario.

• La imaginación llega al poder.

• Vive sin tiempo muerto.

• Libera tus pasiones.

• Nunca trabajes.

• Nunca te aburras.

• Todo es posible.

• La vida real está en otro lado.

• El hombre es el producto de las situaciones que atraviesa, le conviene crear situaciones humanas.

• No hay libertad en el empleo del tiempo sin la posesión de los instrumentos modernos de construcción de la vida cotidiana. El uso de tales instrumentos marcará el salto de un arte revolucionario utópico, a un arte revolucionario experimental.

Sólo después del desastre podremos resucitar…

El Teatro de la Resistencia Electrónica

José Luis Brea, en aleph-arts

En sus Comentarios a la Sociedad del Espectáculo, publicados en 1988, Guy Debord proponía una hipótesis intensamente pesimista, descorazonadora para las posibilidades del trabajo revolucionario en la crítica del espectáculo. La de la fusión de los imperios antes rivales de “lo espectacular difuso” y “lo espectacular concentrado”, fundidos para entonces (1988) en el dominio único de “lo espectacular integrado”. En algún lugar, incluso, sugirió que esa fusión constituía la única novedad verdaderamente importante que se había producido en 20 años, manteniéndose en todo lo demás la plena vigencia de sus tesis publicadas en la Sociedad del Espectáculo. Quizás merezca la pena recordar que en 1992 aún presumía de que cada nueva edición de La Sociedad del Espectáculoseguía siendo “rigurosamente idéntica” a la anterior, apostillando, casi con fanfarronería, que él no era “de los que cambiaban”.

La cuestión que debe importarnos, en todo caso, no es si los autores o sus afiliaciones teóricas o ideológicas cambian, sino en qué medida las transformaciones del mundo contemporáneo reclaman de las concepciones de la praxis emancipatoria nuevos posicionamientos, nuevas definiciones estratégicas, nuevas fórmulas de replanteamiento táctico.

Quizás tendamos a anclarnos demasiado en ópticas y esquemas rígidos, repitiendo los tics y la retórica aprendida de manera irreflexiva y automática: en estos años hemos asistido al espectacular hundimiento de la izquierda parlamentaria y extraparlamentaria que de todo ello se sigue, titubeando entre el reformismo claudicante y la retórica radical más huera, incapaz de ofrecer alternativas reales a las cambiantes condiciones de nuestro mundo actual. Quizás no sea ello el factor menos decisivo a la hora de provocar que tan a menudo nuestras mejores intenciones se vengan viendo defraudadas por la pobre realidad de lo que, mirado con sentido autocrítico, se sigue de nuestra praxis real, si es que ésta llega a existir.

Y digo “si es que llega”, porque las más de las veces esa práxis crítica, emancipatoria, se deja reemplazar casi con complacencia por alguno de sus simulacros: por el discurso autoexculpatorio encendido, por la declaración vehemente o demagógica –en la que cada cual se lava las manos- o incluso por ese otro tipo de acción simulatoria, vacía de consecuencias efectivas, que no tiene otra función que la consoladora. Treinta años después de aquel libro esclarecedor como pocos, sigue siendo tan cierto lo sostenido en su tesis penúltima –que “la lógica de la falsa conciencia no puede conocerse a sí misma”- como espectacularmente equívoco lo sostenido en la final: que la autoemancipación de nuestra época dependa de un definitivo “emanciparse de las bases materiales de la verdad tergiversada”.

Y si digo que ello es equívoco no es por la asombrosa desmesura de la “misión de instaurar la verdad en el mundo” (cito textualmente a Debord). No solo por eso, en efecto, sino, más allá, porque conceptualizar de ese modo el entronque necesario de las tareas de la emancipación del ciudadano y de instauración de la verdad en el mundo señala, seguramente, un ideal (contradictorio, equívoco en sí mismo) epocalmente condicionado, el lugar común de un paradigma, de una manera de concebir el mundo que, para bien o para mal, ya no nos pertenece: ya puede sernos propia.

Como quiera que sea, y sean cuales sean las transformaciones que le reconozcamos a nuestro mundo contemporáneo, la tarea de una “emancipación de las bases materiales de la verdad tergiversada” ya no se nos aparece resoluble en la realización de alguna verdad absoluta alternativa: sino antes bien en la mayor apertura imaginable a la expresión diferencial y agonística de las visiones del mundo, en un contexto de confrontación crítica de los intereses y las hablas particulares. En un contexto de dialogación lo más abierta posible y nunca en la expresión de algún contenido de verdad definitivo, de algún imaginario modelo de “verdad no tergiversada” universalmente válido e históricamente imponible bajo la bandera de la emancipación realizada, o cuando menos realizable.

Bajo esa perspectiva, el propio redentorismo salvífico que se enuncia poseedor de lo absoluto de alguna verdad no puede dejar de aparecérsenos como perteneciente al mismo imperio de la falsa conciencia –al dominio del espectáculo- que supuestamente se pretende criticar, como su contrafigura efectiva -y a la postre más legitimante.

Lo que quiero decir, por presentar ahora ya una primera hipótesis e ir avanzando en la exposición del resto de mis sugerencias, lo que quiero decir es que acaso de aquel 88 acá lo que se haya hecho evidente no es ya la integración de las dos formas rivales del espectáculo, como sugería Debord, sino algo mucho más escalofriante y con mayores consecuencias para toda la teoría de la praxis crítica y emancipatoria. A saber: la integración plena en el dominio del espectáculo de la teatralización de su crítica, la absorción plena –y desactivadora- del simulacro de la resistencia revolucionaria, de la acción emancipatoria.

Son muchos los niveles a los que podríamos analizar este proceso –desde el cada día más escandaloso proceso de desactivación práctica de la esfera de lo político en las sociedades actuales, a la propia institucionalización específica de la cultura de lo alternativo en las prácticas artísticas y postartísticas contemporáneas- pero me limitaré a uno en el que quizás ese proceso de “teatralización de la resistencia” hace singularmente síntoma: el dominio de la resistencia electrónica, el de aquellas prácticas críticas -o con pretensión de serlo- que han tomado al escenario de la red internet como privilegiado “teatro” de su guerra propia, la más contemporánea de ellas -la cyberguerra.

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La fantasía de un potencial específico de “resistencia” frente al “sistema” reservado al dominio electrónico es interesadamente alimentada desde todas las industrias del imaginario social, desde los mass media a la publicidad o el cine. Puede decirse que son bien pocas, y de bien corto alcance, las actuaciones que efectivamente han demostrado la efectividad de un activismo de acción directa hacker políticamente orientada en la red. Sin embargo, esos pocos casos son extraordinariamente bien conocidos, han recibido una intensa publicidad mediática. Las acciones que han merecido tanta popularidad se limitan, en la mayoría de los casos, a minúsculas intervenciones sobre páginas web pertenecientes a instituciones o grandes corporaciones multinacionales, alterando su código html para insertar mensajes políticamente comprometidos. El caso más célebre fue el de la acción que en la primavera del 98 colocó mensajes antinucleares en más de 300 webs. Algunas otras acciones directas de más envergadura (como el desvío de un satélite militar) nunca han sido confirmadas, y pertenecen más a la leyenda del hacktivismo que a su efectiva historia probada. Pero, y pese a lo aislado y modesto de las acciones realmente llevadas a cabo, la fantasía del potencial de contestación del hacktivismo no conoce límites. Hace pocos días, a finales de mayo del 99, circuló mundialmente la noticia de que bandas de adolescentes hackers (conocidos como script-kiddies) habían “saboteado el servicio del FBI en la red” y días después múltiples páginas del senado, el ejército y la armada estadounidense. La noticia publicada en nuestros períodicos comenzaba preguntando: “¿Puede un grupo de adolescentes poner en ridículo al gobierno más poderoso del planeta?”. La respuesta era la que podíamos esperar: “en Internet, sí”.

En alguno de sus escritos más recientes, el Critical Art Ensemble, quizás el más prestigioso grupo de intelectuales y artistas que ha avalado a través de sus publicaciones el concepto de “resistencia electrónica”, ha denunciado la manipulación interesada de esta fantasía tanto por parte de los medios de comunicación como por parte de las agencias de información y los aparatos de estado. La consecuencia inmediata que se sigue de este tipo de actuaciones cuya única efectividad radica en el impacto mediático que consiguen –independientemente de la pequeña molestia que suponen para un webmaster de tener que limpiar del código añadido las páginas- no es sino el reforzamiento de los sistemas de seguridad y control. De semejantes actuaciones “ridiculizadoras”, en efecto, no se obtienen sino mayores presupuestos para los dispositivos de control social y mayores restricciones en el uso libre de la red para en conjunto de los ciudadanos.

Más allá de ello, no parece sino que alimentar ese imaginario de la vulnerabilidad de los sistemas de control –a manos del individuo cualquiera, movido además por intereses cualesquiera, rara vez de orden convencidamente político- beneficia sobre todo a las propias instancias a las que se pretende debilitar: gracias a ello se dismula la alucinante desproporción del combate. Parecería, en efecto, que los adversarios se enfrentan en pie de igualdad (como en las películas hollywoodienses, los implacables terroristas internacionales son siempre “casi” capaces de desmantelar los agenciamientos policiales de estado, están “casi” a su misma altura).

La otra cyberguerra, la verdadera, esa que acabamos de vivir de cerca en Yugoslavia, nos ha demostrado bien a las claras que esa apariencia de proporción en el uso de la información como arma es una falacia interesada (que incluso ha pasado bien disimulada gracias a la exhaustiva cobertura mediática prestada por ejemplo a los “errores” y sus “efectos colaterales”). Jamás en la historia de la guerra -y esto es preciso reconocerlo con toda claridad- se había dado una con tanta desproporción entre los adversarios en cuanto a su respectivo poderío armamentístico.

Decenas de miles contra casi cero bajas demuestra que  el arma de la información –que a todas luces se ha convertido en la mayor fuerza generadora de poder, tanto en tiempos de presunta paz como en tiempos de abierta y declarada guerra- está exhaustivamente concentrada. Frente a la espeluznante evidencia de ese hecho, es el imaginario del acceso pirata o ilegal a su posesión el que resulta ridículo, si es que no cómplice –en la medida en que contribuye a camuflar en parte lo inaceptablemente terrorífico de ese hecho insoslayable. No hace en efecto sino contribuir benéficamente a los intereses de los aparatos de control dándole un perfil todavía humano, casi todavía épico, a esta espeluznante y posthumana cyberguerra.

Pero ese perfil humanizado es ciertamente falso. Como recientemente ha insistido Giorgio Agamben, toda fundación de un orden político de soberanía se asienta en la preservación del privilegio de declaración del estado de excepción -que autoriza la suspensión del principio de inviolabilidad de la vida humana. Bajo ese punto de vista, asistimos a la emergencia de un orden mundializado en el que la constitución de un nuevo modo del derecho y la soberanía transestatal, se intenta fundar justamente –y es significativo el hecho de que el ataque se haya producido invocando razones humanitarias, más allá de la soberanía y el reconocimiento del principio territorial- en la reserva a favor de una instancia armada del privilegio a declarar la inocuidad de la vida humana, a decidir sobre eso que Agamben llama la vida nuda, de nuevo suspendida en sus derechos -esta vez por el hecho de pertenecer a un pueblo caudillado por un asesino.

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Pero volvamos a nuestra más modesta cyberguerra, la del activismo político en la red, la del hacktivismo políticamente comprometido y motivado. De lo que se trataría –una vez denunciado ese imaginario fraudulento del hacker de película que pone en ridículo al pentágono, a la cía y a la casablanca- es de preguntarnos seriamente por las posibilidades que la utilización de la red ofrece a la acción políticamente motivada, comprometida. Antes de valorar definitivamente esas posibilidades, creo necesario ofrecer una tipología de los modos de esa acción que en los escasos años de historia de la red se han dado. Seguiré en ello básicamente la tipología que me parece más completa de las que conozco, la de Stephen Wray.

Wray propone 5 categorías diferentes, 5 modalidades de “activismo en la red”. En la última de ellas Wray hace un poquito de futurología, atreviéndose a anticipar las posibilidades de actuación activista desde la red frente a la que él describe como “la próxima guerra”. Como quiera que el análisis de Wray a que me refiero está publicado el año 98, y toma como modelo de “última guerra” y primera cyber a la del golfo, la realidad se ha encargado de dejar muy atrás sus previsiones: como siempre que se hace política-ficción, la construcción del discurso envejece prematuramente con una velocidad escalofriante. Así que no incurriré en el mismo error, y me limitaré a presentaros cuatro principales categorías o modalidades que, por describir el pasado y la historia en cierta forma ya asentada, pertenecen más incuestionablemente a las posibilidades reales de nuestro presente efectivo y su futuro inmediato.

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La primera de esas 4 modalidades de activismo que podemos catalogar se identifica con el mero uso instrumental de la red como plataforma u órgano de difusión de las actividades que se realizan fuera de ella, en el propio espacio social. Podríamos describir esta forma de utilización como una mera “informatización” de los movimientos sociales, siendo su uso similar al que pueden hacer de otro tipo de instrumentos de propaganda, desde el panfleto impreso a la revista o el periódico “orgánico”. Posée algunas ventajas frente a esos otros medios (mayor economía de recursos, mayor alcance potencial de “lectores”) pero también algunas desventajas: su limitación de alcance a los receptores a priori interesados. Mientras el cartel o el reparto callejero de propaganda, por ejemplo, permite acceder al ciudadano cualquiera, desprevenido en su paseo ciudadano, el reparto electrónico sólo alcanza, en principio, al receptor afín, ya que el medio de difusión utilizado (originalmente el BBS, Bulletin Board System, una especie de tablón de anuncios electrónico; actualmente la lista de receptores de correo) exige el pre-acuerdo tácito del destinatario, dirigiéndose a un cupo de ciudadanos a priori definido y cuando menos ya “simpatizante”.

Hace algunos años se crearon enormes expectativas en torno a este tipo de sistemas como potenciales gérmenes de formas de “democracia electrónica directa”. Pasado algún tiempo, el alcance de estos intrumentos, limitados a su consideración de dispositivos de propaganda o publicitación de la actividad de los diversos movimientos sociales, se reconoce en sus limitaciones efectivas –más capacitados quizás incluso para articular el debate y la comunicación interna de los propios colectivos que para proyectar un mensaje hacia la exterioridad del tejido social.

Con todo, me gustaría distinguir el diverso alcance que al respecto poseen las listas cerradas de receptores pasivos y los foros de debate abiertos y públicos, ya no concebidos como meros órganos instrumentales de propaganda, sino como espacios abiertos a la discusión y participación colectiva. En mi opinión estos foros constituyen algo distinto y que merece ser considerado aparte: pequeños experimentos tentativos de producción de una esfera pública alternativa; formas por tanto emergentes de un activismo postmedial que fija el horizonte de su praxis politizada no tanto en el apoyo instrumental a una actividad dada y ya pre-existente como en la producción directa de acción comunicativa, de esfera pública. Pero dejo esta cuestión para el debate, si alguien desea plantearla, y continúo analizando las restantes modalidades que es lugar común reconocer como estabilizadas.

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La segunda de ellas corresponde a la que identificaríamos como “infoguerra”. En realidad, este tipo de activismo medial que utiliza la red como instrumento específico de guerrilla propaganda surge como una extensión de la primera modalidad, siendo en la práctica un desarrollo de ella. Aunque no encontráramos otros casos, tendríamos que inventar la categoría para dar cuenta de uno de los casos de activismo en la red más importantes que se han dado en estos años: el de la llamada infoguerra zapatista.

Invirtiendo los esquemas denunciados alarmistamente por la Rand Corporation en sus informes al servicio de las agencias militares estadounidenses, para alertar sobre la gravedad de las posibilidades de utilización de la red por parte de los grupos subversivos y terroristas internacionales, la infoguerra zapatista se desarrolló inicicalmente sobre todo como guerra de información, como “guerra de palabras”. Aplicando el clásico esquema de la propaganda agit-prop, la infoguerra se constituyó de hecho en la principal arma de lucha zapatista desde la firma del alto el fuego a principios del 94. Una infoguerra desarrollada como guerra de palabras –sin excluir en todo caso la acción militar puntual de la guerrilla- que se ha mantenido desde entonces como principal foco abierto mediante el que el zapatismo insurgente ha asegurado su supervivencia en estos años.

Ya difundiendo los mensajes del Subcomandante Marcos u otros líderes zapatistas, ya denunciando las actuaciones asesinas del gobierno mexicano –como la matanza de Acteal en Chiapas a finales de 1997-, la infoguerra ha encontrado en la red internet el mejor medio para extender su lucha propagandística. Aun cuando no ha dejado de utilizar otros medios de información más tradicionales en el agit-prop, como el periódico La Jornada, es evidente que la capacidad de incidencia que ha encontrado la infoguerra zapatista en internet –desarrollada mediante listas de correos, grupos de noticias, listas de debate y websites- ha sido incuestionablemente muy superior. Sobre todo por su capacidad de extender las redes de resistencia y solidaridad con el zapatismo a nivel mundial.

Nos encontramos en esta segunda modalidad con un grado de intensidad en la acción de apoyo a un movimiento social cualitativamente distinta, hasta el punto de que esa acción informativa es en sí misma concebida como principal arma de guerra de un colectivo en lucha abierta. En todo caso, y si nos atenemos al tipo de actuaciones hasta aquí descritas –listas de correo, grupos de noticias, websites- nos movemos todavía en el terreno de la acción comunicativa, en la utilización de internet como canal de comunicación, pero todavía no como ámbito de acción efectiva, directa. Las siguientes dos modalidades cruzan ya, sin tapujos, esa frontera.

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La primera de ellas es la que en sentido estricto podríamos describir como “resistencia electrónica” o “desobediencia civil electrónica”, para emplear los términos acuñados por el colectivo Critical Art Ensemble, y concebida bajo la prefiguración de la tradición clásica de la desobediencia civil pacifista y la acción directa.

En dos libros publicados en 1994 y 96, “La resistencia electrónica” y “La desobediencia civil electrónica y otras ideas impopulares”, el colectivo analizaba las tácticas de resistencia callejera y alteración de la infraestructura urbana de los grupos de acción directa, e intentaba teorizar las posibilidades de aplicar esas tácticas a la infraestructura de internet. Como tal, las ideas de “resitencia electrónica” y “desobediencia civil electrónica” no pasaban de ser especulaciones teóricas y abstractas, pero evidentemente formulaban hipótesis aplicables a una acción directa.

En opiniones que el colectivo ha expresado a posteriori, esas aplicaciones efectivas deberían, para resultar realmente eficaces, ser de carácter clandestino y radical; en una primera lectura de aquellos textos, sin embargo, se ponderaba positivamente el potencial simbólico que en sí mismo podía poseer la acción simulada, a tenor de su repercusión medial. Diríamos que de la ambigüedad de esa doble lectura han surgido las dos formas actualmente principales de “resistencia civil electrónica” que podemos diferenciar, llegándose ambas a manifestarse divergentes entre sí, hasta el punto de que los propios miembros del Critical Art Ensemble han criticado abiertamente el desarrollo de la primera de ellas.

Podemos, para diferenciarlas, hablar de “resistencia electrónica simulatoria” frente a la “acción directa electrónica”.

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El caso más conocido de la primera está representado por las acciones del colectivo autodesignado como “Teatro de la resistencia Electrónica”, fundado por Carmin Karasic y Brett Stalbaum y apoyado por otros miembros bien conocidos como Ricardo Domínguez. Su más conocida acción fue presentada en el festival Ars Electronica del 98, dedicado justamente al tema de la infoguerra. El proyecto, titulado SWARM, desarrollaba un dispositivo de acción directa simbólica que permitía el ejercicio colectivo de acciones de protesta mediante el llamamiento al bloqueo de determinados websites (en acciones que fueron catalogadas como “sentadas virtuales”). Para conseguir éstas, desarrollaron un software específico (un applet de java) llamado Floodnet, que facilitaba el reload constante de la página elegida. Si un número suficiente de usuarios respondía al llamamiento a la sentada virtual, el website objeto del ataque quedaba bloqueado, impidiendo el acceso a él de otros usuarios.
El primer llamamiento, realizado en el curso del propio festival, intentó bloquear en un acto simbólico y simultáneamente los websites de la presidencia del gobierno mexicano, la bosa de Frankfurt y el Pentágono. El floodnet muy pronto, sin embargo, quedó inutilizado, y el intento de bloqueo resultó un fracaso. Sin embargo, más de 20000 personas participaron en el intento y la acción obtuvo una enorme repercusión medial, llegando incluso a ser reflejada en la primera página del NYTimes el 31 de Octubre de 1998.  No es de extrañar que ese enorme éxito, obtenido por la eficacia “simbólica” constituida por el poder de amenaza del Floodnet superara con mucho en la evaluación el fracaso real, técnico, del intento. A ese primer llamamiento siguieron varios otros en apoyo de la lucha zapatista y contra los websites del gobierno mexicano, y finalmente en enero del 99 el software fue puesto a libre disposición pública, habiendo sido constantes los llamamientos públicos a realizar sentadas virtuales utilizando el mecanismo. El éxito de todos ellos ha sido siempre desigual en cuanto a la eficacia técnica (en todo caso momentánea, y por tanto simbólica) y su repercusión mediática ha ido, lógicamente, descendiendo, una vez perdido ya su valor de novedad.

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En cuanto al colectivo del Critical Art Ensemble, que originalmente acuñara la idea de la resistencia civil electrónica, muy pronto se desmarcó de esa estrategia, alegando literalmente que, bajo su punto de vista, “la estrategia indirecta, la de la manipulación de los media a través de un espectáculo de desobediencia orientado a conseguir el respaldo de la opinión pública, es una estrategia destinada al fracaso”. En otro lugar, y refiriéndose más explícitamente a la reacción de “miedo” provocado por la efectiva amenaza simulatoria del sabotaje electrónico, y su previa afirmación de que las agencias de seguridad quedarían atrapadas en la “hiperrealidad de las ficciones criminales y la catástrofe virtual” (cito literalmente), el CAE puntualiza:

“Este es un comentario que el CAE desearía no haber hecho nunca, ya que algunos activistas han empezado a tomárselo en serio y están intentando actuar de acuerdo con él, principalmente utilizando la red para producir amenanzas de activismo hiperreales con el fin de azuzar el fuego de la paranoia de los estados corporación. Una vez más –sigo citando literalmente al CAE- se trata de una batalla mediática destinada a ser perdida”.

Sobre el papel, la alternativa propuesta por el CAE –la acción directa, radical y clandestina- está clara. Lo que no está tan claro es, obviamente, de qué hablamos cuando hablamos de ello –entre otras cosas porque si pudiéramos hacerlo abiertamente es que ese valor de clandestinidad habría sido traicionado (o nosotros en este momento lo estaríamos haciendo).

Sea como sea, me permito hacer dos valoraciones al respecto. Primera, que si no hablamos de acciones cuya eficacia dependa de su incidencia en los media, y a través de ellos de su incidencia en la formación de la opinión pública, no nos queda otra opción que pensar en acciones de carácter táctico cuya eficacia real dependerá exclusivamente de su capacidad de sabotaje concreto de las dinámicas de funcionamiento reales de las “corporaciones-estado” –capacidad que inevitablemente reposará en la de “organizarse” antisimétricamente a las propias agencias de información, seguridad y control. Cito a los propios CAE: “Para lograr una utilización eficaz de estas tácticas deben desarrollarse métodos y medios de investigación, obtención de información y reclutamiento de informadores. (El CAE está dispuesto a apostar que el próximo escrito revolucionario sobre resistencia tratará de este problema, el de la generación de inteligencia amateur). Hasta que esto ocurra, la acción subjetiva-subversiva será poco eficaz. De momento, quienes no cuenten con una estrategia encubierta plenamente desarrollada sólo pueden actuar tácticamente contra los principios estratégicos de una institución, no contra situaciones y relaciones específicas. Evidentemente, una respuesta táctica a una iniciativa estratégica no tiene sentido. Resulta muy probable que una acción de este tipo no tenga los resultados deseados y sólo alerte a la agencia víctima de la acción para prepararse contra posibles presiones externas”.

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La segunda valoración que querría hacer se refiere a cómo la práctica totalidad de las acciones que conocemos –y vuelvo a destacar la obviedad de que si conociéramos las otras es que no se habrían atenido a la condición de clandestinidad e inmediatez requeridas- se sitúan al margen de esta estrategia directa propuesta por el CAE, inclinándose más bien del lado de la simulación y buscando su eficacia politica en la formación de opinión pública mediante la vía de su repercusión medial. Me gustaría citar, para cerrar este apartado, tres casos que me parecen de especial interés.

De un lado, la figura de Luther Blissett, como figura de autoría clandestina y compartida por un sin-número de intelectuales críticos que han elegido la vía de una identidad múltiple y simulada para participar en la discusión colectiva contemporánea en la red, como alternativa al espectáculo mismo de la autoría intelectual.

De otro, los trabajos de RTMark, art-mark, que también oscila entre esa acción puramente simulatoria y la acción directa y el sabotaje –como en el célebre caso de las barbies con el mensaje alterado. El ejemplo de su trabajo que ahora os muestro es su “pagina simulada” de la campaña presidencial de George Bush –una página orientada a desenmascarar los perfiles más duros de la ideología reaccionaria del personaje. Este otro trabajo, en curso de traducción en la página del área táctica, contiene un abanico de posibles líneas de intervención directa, como una especie de manual de uso, o de instrucciones, al alcance de quien quiera ponerlas en práctica.

Por último, un trabajo de “simulación”-apropiación que dirige su activismo directamente contra las prácticas artísticas emergentes en el terreno del net.art, denunciando su actual evolución hacia la restauración de todas las convenciones artísticas tradicionales: la autoría, la objetivación-objetualización de la obra y a partir de ella su inmediata mercantilización. Me refiero al trabajo de sabotaje de 0100101010100.org y su “replicado” ilegal primero de la web de hell.com, y actualmente su mirrorización anticopy del site de teleportacia.org, cuando ella se constituyó en la primera galería comercial virtual de net.art. Puesto que estoy seguro de que este tema suscitará opiniones diversas y encontradas, dejo el mostrarlo y explicarlo con más detalle, si os parece, para el debate.

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La última de las modalidades de activismo en la red, de la que obviamente estas acciones –y esas directas propuestas por el CAE- ya se encuentran muy cerca son las del que llamaríamos “activismo hacker politizado” –o hacktivismo. Me atrevería a sugerir que en cierto sentido siguen el principio de la acción táctica, desarrollando pequeñas células interconectadas y nómadas desde las que intervenir, golpear y desaparecer, aplicando el principio del TAZ, de la Zona Temporalmente Autónoma.  “El TAZ –cito a Hakim Bey- es como una revuelta que no se engancha con el Estado, una operación guerrillera que libera un área -de tierra, de tiempo, de imaginación- y entonces se autodisuelve para reconstruirse en cualquier otro lugar o tiempo”. En cierta forma, ese mismo es el principio que guía la acción clandestina hacker, el llamado hacktivismo.

Quizás podríamos todavía distinguir aquí entre dos tipos de actuaciones hacker. En primer lugar, aquéllas cuya finalidad es meramente negativa, destructiva: bloquear o sabotear los flujos de información de las corporaciones-estado (principal tipo de las actividades a las que estas páginas que os muestro, del Caos Computer Club  y del grupo “The Cult of the Dead Cow” están dedicadas)  .

En segundo, aquellas otras orientadas en cambio a liberalizar al máximo el acceso a esos flujos de información. En este punto –del que no puedo evitar declararme más simpatizante- el hacktivismo se acerca más a una práctica de acción directa a favor de reivindicaciones de carácter más afirmativo: tales como la del código abierto, la ampliación del ancho de banda de navegación, la del derecho a la privacidad y la encriptación, la utilización del freeware desarrollado colectivamente y sin licencia  , o la independencia en la utilización de servidores propios –un tema candente ahora que la fraudulenta gratuidad del acceso amenaza con homogeneizar la navegación en un mundo de portales hegemónicos controlados por los grandes grupos de comunicación e información. Creo que éstas son cuestiones reales que están ahora mismo en juego en cuanto a la evolución de la red internet y que de ellas van a depender en buena medida las posibilidades de su utilización independiente y activista. Acaso tratar sobre ellas de manera concreta pueda resultar más positivo que seguir dejándose embaucar por la fantasía romántica del pirata-bohemio reconvertido ahora en imaginario activista electrónico.

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Sea como sea, no es mi intención valorar ahora las ventajas e inconvenientes de cada una de estas modalidades de activismo en la red, o tomar partido por alguna de ellas en contra de las otras. Antes bien, pienso que nada es mejor que su combinatoria, que nada resulta tan eficaz como la constelación de actitudes diversas y divergentes, emprendidas cada una de ellas autónomamente y sin pretender aglomerarlas en una estrategia unitaria y global. En cierto sentido, pienso que el modelo del enjambre molar (el modelo de SWARM, propuesto por el Teatro de la Resistencia Electrónica) es seguramente el más efectivo, en realidad no demasiado distante de ese modelo de pequeñas células activistas interconectadas que también defiende el CAE, el Critical Art Ensemble -aunque éste último se acerque más quizás a una especie de contraejército organizado en términos de guerrilla quasi-militarizada.

Me parece que, por desgracia, es demasiado frecuente que el debate sobre el qué hacer se extravíe recurrentemente en la polémica intestina y estéril contra quien adopta o elige adoptar una modalidad de la acción distinta a la que nosotros reivindicamos. Me parece que esa actitud, a veces intolerante, bebe de una herencia de ortodoxias y fés dogmáticas en “la” verdadera y única solución –que quizás convendría dejar un poco a un lado. Acaso en efecto ninguna solución pueda funcionar mejor que la constelación estratégica de las distintas prácticas y formas de activismo, ese encuentro ocasional y provisorio por el que posiciones muy dispares se reenvían, sinérgicamente, refuerzo mutuo, en un arhipiélago diseminado de formas diversificadas de experimentación, acción e intervención, cada una de ellas micropolíticamente orientadas pero interconectadas en su autonomía operativa.

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A 172 días hoy*de estrenar el año 2000,m hacia delante, y apenas a 115 hacia atrás del estallido de la sobrecogedora “neoguerra” yugoslava, vivimos tiempos de horror, de incertidumbre, euforia y desconcierto mezclados a partes iguales. Resulta indudable que las estructuras de la acción política -no menos la militar, o la económica- está sufriendo transformaciones profundas, que más que nunca piden nuestra implicación, nuestro compromiso. Carecemos de recetas definitivas, en un mapa de nuestro tiempo que justamente está por construir, y acaso la única apuesta que podamos hacer con claridad es la de nuestra disposición activa a implicarnos. Sin esperar que pueda servir como panacea, quienes ya participamos activamente en la producción de esfera pública utilizando las posibilidades ofrecidas por la red sabemos que disponemos de un instrumento cuyos potenciales permanecen indecididos, dependiendo de la voluntad que regule su utilización, que en sí misma no asegura redención promisoria alguna -como algunas veces hemos querido creer-, pero tampoco nuestra condenación definitiva a manos del capital, las instituciones o el espectáculo -como algunos otros querrían que creyéramos.

Lo que está en juego es mucho, sin duda, y nuestra apuesta –en medio de todo ello- está clara: tomar siempre partido por la radicalización de las formas democráticas, por el fortalecimiento de los mecanismos de que aumenten las posibilidades de participación ciudadana en la conducción colectiva de los asuntos comunes. Nuestro empeño en “producir esfera pública” alternativa no puede tener otro objetivo que ése: favorecer el fortalecimiento de aquellos instrumentos que permiten -cuanto más posible- la expresión plural de los intereses y las visiones del mundo, facilitando su contraste y logrando a la vez que operen como mecanismos eficientes de regulación de la acción pública. “La esfera pública -cito a Alexander Kluge- es el lugar donde los conflictos pueden ser resueltos por otro camino que la guerra”.

Pero no se trata sólo, entonces, de producir “esfera pública”, sino, y sobre todo, de producirla como políticamente activa, efectiva. Sólo ello nos permitirá invertir el proceso de desactivación de lo político en curso en las sociedades actuales a manos de lo mediático, de la lógica del espectáculo integrado. Sólo permitirá de hecho que nuestra acción sirva para algo más que la autocomplacencia -o el refuerzo a la falsa conciencia colectiva de nuestra difusa clase de intelectuales fin de milenio. Sólo ello permitirá que, en última instancia, el “Teatro de la Resistencia Electrónica” nombre algo más que una topología vacía del simulacro, un lugar absorbido a la propia lógica del espectáculo integrado, para señalar un auténtico escenario desde el que abordar, reescribir y reforzar la continuidad de una lucha irrenunciable por el aumento de los grados de emancipación y justicia en las relaciones entre los hombres.

* Conferencia pronunciada en los Talleres de Arte de Montesquiú el 11 de Julio de 1999

Resistencia con Creatividad y Humor

Estos son dos de los vídeos producidos por The Shool of Authentic Journalism organizada por Narco News durante el mes de Mayo de este año 2011, una muestra de cómo a través del humor y la creatividad se puede transmitir un mensaje claro y directo. Seguimos los consejos de nuestro “revolucionario jubilado” Ivan Marovich, miembro de OTTPOR, el grupo de resisténcia que derrocó a Milosevich en Serbia en el año 2000.

Ivan Marovic: Retired Revolutionary

In the year 2000, young Serbian revolutionary Ivan Marovic participated in a nonviolent rebellion that toppled dictator Slobodan Milosevic. Recently, at an undisclosed tropical location, Marovic took time off from his “busy schedule” to give us some practical advice on how to get rid of a tyrant in three easy steps. Enjoy!

Barrel of Laughs

Serbian resistance organizer Ivan Marovic explains how a “dilemma action” is created, using humor, to put a regime in the position where “it has no good options” for response. This video was created by students and professors at the 2011 Narco News School of Authentic Journalism, and features original artwork by Tanzanian political cartoonist Nathan Mpangala, SAJ class of 2011.

Construye tu bicimáquina, alimenta tu autonomía

Las BICI-MAQUINAS! Para hacer todo lo que quieras, y más, sin tener que depender de una fuente de electricidad. Desmontar una bici vieja, reciclar su mecanismo, una llanta, un poco de maña y bricolaje y listo! ¡A pedalear! Las Abejas de Acteal (Chenaló, Altos de Chiapas) ya tienen sus bici-máquinas, otra forma de ir alimentando su autonomía…

Este es el vídeo que comparte la gente de Koman Ilel del taller de Bicimáquinas con el colectivo C.A.C.I.T.A (Centro Autónomo para la Creación Intercultural de Tecnologías Apropiadas)

Taller de Bicimaquinas from Koman Ilel on Vimeo.

Jornadas de Resistencia Cultural Sociedad Civil Las Abejas, Chiapas

La Sociedad Civil Las Abejas te invita a participar de las jornadas de resistencia cultural en Chiapas. SPOT de RADIO KOMAN ILEL

http://acteal.blogspot.com/2011/10/invitacion-las-jornadas-de-resistencia.html